Algo de Historia

           La estancia está situada en el partido de Lobos, a unos 27 km. de la ciudad, y limita al sur con el río Salado en casi toda su extensión. La tierra fue comprada por el matrimonio formado por Juan Blaquier y Sagastizábal y Agustina Oromí Escalada, hija de Nieves Escalada de Oromí, cuñada del Gral. San Martín.

Lo sucede Juan José Blaquier, que junto a su mujer Amalia Anchorena, construyeron la capilla en el año 1902.  El alcanfor que está atrás de esta fue plantado en esa época.
Amalia Anchorena muere,  y el Sr. Blaquier, viudo y  sin hijos se vuelve a casar con Mercedes Elizalde, y sorprendentemente para la época, tienen a los 60 y 45 años respectivamente un único hijo: Juan José Silvestre.

Juan José Silvestre Blaquier, nacido en 1915, se dedicó desde muy joven a las actividades rurales. Aficionado al caballo, como deporte y cabalgadura propia del trabajo rural, dedicó su tiempo libre a jugar al polo, actividad donde ocupó un lugar muy destacado. Fue presidente de la Sociedad Rural Argentina en el período 1955-56.

El magnífico parque que hoy se ve, fue diseñado en su totalidad por Mercedes Elizalde (Tita), que demostró tener una gran capacidad de trabajo, y un concepto moderno de diseño que dio como resultado un parque abierto y muy extenso (250 hs.).   Tita dedicó su vida a la gran pasión que tenia por los árboles. Agrandó y plantó el parque con gran variedad de especies, que ella personalmente traía de sus viajes.

En 1935 Silvestre  hace las tres canchas de polo y agranda significativamente el parque. El ombú que está frente al chalet ya existía cuando este se hizo (el ombú de la vaca), teniendo mas de 130 años.

El parque tal cual  estaba antes del tornado (1991), tiene armonía tanto en sus formas como en sus colores. Integra los grandes espacios verdes  de las canchas de polo,  pone énfasis  en las abras que dejan ver el lago y  el campo, y sorprende con  el movimiento que produce el nivel elevado de la pileta con respecto al lago y al parque. Se diferencia de otros  parques contemporáneos, muy encerrados y logra producir una sensación de gran amplitud.

Silvestre y Malena Nelson Hunter se casan en 1937, siendo este casamiento el evento social mas importante del año. 

Juan José Silvestre Blaquier, ferviente entusiasta del caballo y del polo, fundó en su estancia el afamado Club de Polo "La Concepción", haciendo tres canchas que son un orgullo de ese deporte tan entrañable para nuestros estancieros. Allí se han jugado innumerables y célebres torneos de polo y han desfilado por sus canchas los mejores jugadores del mundo. En 1962 en ocasión en que su Alteza Real, el príncipe Felipe de Edimburgo visitara nuestro país, pasó cuatro memorables días, durante los cuales se jugó un campeonato en su honor en el que participó, con su conocida experiencia en este deporte de reyes y de estancieros argentinos.

          Cuando Juan José Silvestre Blaquier heredó el establecimiento, éste ya tenía 12.000 has. La explotación del campo se dedicó al tambo principalmente, trabajando con hacienda Shorthorn y Holando. También se cría hacienda para el consumo, de raza Hereford. La cabaña está ubicada en el sector llamado "Santa Clara", cuyos productos han sido reiteradamente premiados en La Rural de Palermo.

         Fatalmente su vida se interrumpió en 1958, a los 43 años, cuando desapareció en aguas de América Central, en ocasión en que venía de los Estados Unidos piloteando un avión que recién había adquirido.
Hoy lo mantienen los 9 nietos de Tita, (7 mujeres y 2 varones).
Malena hace unos años decidió con gran sabiduría vivir la mayor parte de su tiempo en La Concepción.
La familia Blaquier actual esta formada por Mercedes, Juan José, Malenita, Dolores, Teresa, Agustina, Eduardo, Marina y Julia Elena, con sus 40 hijos, 85 nietos y 2 bisnietos (tataranietos de Malena)

Todos compartimos el Casco de La Concepción, que adoramos, cuidamos y disfrutamos como nos enseñaron nuestra abuela y nuestros  padres.

Entré en "La Concepción" un domingo a la mañana en que casualmente se festejaba el día de la madre. Toda la población de la estancia estaba en la capilla, oyendo una misa alusiva a la fecha. El día brillaba con toda la gloria del sol mañanero en el campo y el calor de octubre entibiaba la atmósfera. La capilla, rodeada de parque, era un poema arquitectónico con su rica aguja de hierro recortada sobre el cielo azulino, sus paredes tizadas, su escalinata romántica abriéndose en arco hasta tocar el césped, sus cipreses custodios elevándose a los costados y una enredadera caprichosa, como flequillo primaveral cayendo desparramada sobre la puerta abierta de par en par. Adentro, cantos y rezos, un niño que llora, otro que tose y un cura lugareño que da el sermón.

Finalizada la misa, los concurrentes se desparramaron, cada uno a sus cosas. Los niños, en cambio, se reunieron en una fiesta al aire libre, su algarabía se escuchaba detrás de los cercos de ligustros. Nosotros emprendimos un paseo por el lugar, demorándonos deliberadamente para disfrutar del espléndido día y del hermoso paisaje que ofrece esta residencia rural. Su cercanía con la Capital, convierte este establecimiento en un retiro de fin de semana, además de la larga estadía veraniega, para la extensa familia que dejó el desaparecido Juan José Silvestre Blaquier, la cual hace de este casco madre, un sitio donde disfrutar realmente de la vida en el campo.

Sobre un extenso alfombrado verde se levanta la casa, blanca, alargada, de dos plantas, como un paralelepípedo cuidadosamente colocado sobre un tapiz. Sus discretos techos de pizarras dejan pasar algunas chimeneas y algún detalle arquitectónico sobre las puertas que dan a un balcón superior. Adelante, una galería amplia que abarca sólo el sector central, propone un distinguido estar, y arriba una terraza. Un magnífico parque entorna la residencia, separándose de su estructura opalina, cuyas bellas líneas, simplemente elegantes, se identifican con una arquitectura clásica y señorial. Un poco apartada hacia un costado, se eleva otra casa más moderna, de ladrillos blancos a la vista y techos de dos aguas en distintos niveles. Es un anexo habitacional, lo mismo que otro pabellón situado detrás. Árboles y arbustos de adorno crecen entre las construcciones, enmarcando prolijamente paredes blancas y techados grises, algunos de los cuales, como la aguja de la capilla, se levantan airosamente sobre las festoneadas copas. En esta parquización, cada árbol tiene la oportunidad de lucir su forma natural completa, sin encimarse, dejando expandir libremente sus rameríos. Entre los claros que deja tal dignidad botánica, se han ubicado adecuadamente delicadas fuentes y bellas estatuas.

Hay un lago al costado del parque, cuyo contorno se adivina por los árboles y tunas que la costean. Pileta de natación con rico entorno de arbustos y cipreses; cancha de tenis con cerco de ligustros y piso de polvo de ladrillos; más allá una cancha de pelota a paleta, evidencian los hábitos deportivos de una familia que disfruta de la vida al aire libre. Pasando cerca de una torrecita con un reloj en la cúspide, se llega a una sección especial, donde se levantan grandes galpones de paredes caleadas y bellos detalles arquitectónicos, que señalan la particular importancia de su destino. Es el albergue de los caballos de polo que se crían y guardan aquí, cuya relación con el hombre supera el ideal de fidelidad y confianza que se espera encontrar en esa amistad.

 
Otros ilustres huéspedes recibió la estancia "La Concepción": la princesa Benedicta de Dinamarca, Randolph Churchill, El Maharajá de Jaipur, Elie de Rothschild y Roberto de Balkany, Eduardo Kennedy, Henry Ford, la comitiva del Club de París y representantes de la ODEA. También han llegado autoridades y personalidades locales, así como innumerables grupos ganaderos de todas partes del mundo, que han expresado su deseo de conocer una estancia argentina modelo y pasar un día de campo, que es lo mejor que tenemos en la Provincia de Buenos Aires.

El país de las estancias. Autora: Yuyú Guzman
Editorial: Tupac Amaru ediciones.
Junio de 1985.

 
       
 
 
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